LA SEXUALIDAD EN LA TERCERA EDAD

 

LA SEXUALIDAD EN LA TERCERA EDAD

 

Aunque parece ser un tema difícil de tocar, tal vez por tabú, es común y cotidiano hablar en la actualidad de la actividad sexual en los adolescentes como si se tratara de un tema de moda, pero hemos dejado de lado, y hasta parece ser un tanto extraño, hablar en la actualidad de la sexualidad en el adulto mayor, pero ¿ha existido?, ¿existe? y ¿seguirá existiendo?

A partir de los 60 años, la sexualidad sigue desempeñando un papel importante en la vida, pese a la falta de oportunidades para ejercerla y la marginación que sufre la población mayor en la sociedad frente a esto. Las investigaciones indican que mientras se conserve un buen estado de salud no hay motivo alguno para que el interés y las prácticas sexuales desaparezcan, es por lo tanto, importante ubicar la vida sexual de las personas de edad dentro de su contexto psicológico y de comportamiento, de esta manera, se observa que la forma de ejercer la sexualidad durante la vejez está determinada por la actitud que el sujeto ha tenido ante el sexo durante toda su vida.

La sexualidad en la madurez ofrece experimentar la riqueza de haber profundizado en todos los aspectos y posibilidades del encanto amoroso, se conocen hasta en los detalles más mínimos, propios y de la pareja, cada uno tiene una experiencia completa del cuerpo del otro, sabe exactamente cómo darle placer. Basta con un gesto, una mirada, una sonrisa para desencadenar la magia que lleva al máximo gozo.

La desinformación y la creencia de que la práctica de la sexualidad es exclusiva de la población joven y que desaparece en la senectud, influyen de modo significativo en la conducta sexual de las personas maduras. Otros factores que también dificultan llevar adelante una buena sexualidad son la falta de pareja sexual, la historia sexual previa, las dificultades económicas y sociales, y las condiciones físicas, sin menospreciar los factores de actitudes y las creencias personales.

Sin embargo, los avances médicos y la mayor esperanza de vida, junto con la instauración de la creencia de que la sexualidad y la afectividad son connaturales en la persona y sólo deben finalizar con la muerte, confirman que ni el interés ni la actividad sexual desaparecen en las personas mayores. Sí es cierto que la sexualidad se transforma con la edad, pero según los estudios, más del 85% de las personas mayores de 60 años disfrutan de sus actividades sexuales.

 

LOS PROBLEMAS DE VIVIR LA SEXUALIDAD EN LA EDAD MADURA

Los problemas más frecuentes que se encuentran y que limitan o impiden un desarrollo completo de la vida sexual de las personas maduras son:

– la falta de pareja: la mayoría de las personas de 75 o más años de edad son viudos o viudas.

– la carencia de privacidad: la mayoría viven en residencias o con familiares.

– la limitación de su autonomía.

– la dependencia del entorno.

– la dificultad física para mantener relaciones sexuales.

 

Los cambios que produce la edad en relación a la respuesta sexual no hay por qué verlos desde una perspectiva negativa y sin solución, con la edad hay cambios generales en la respuesta sexual humana, pero no todos han de considerarse negativos y sin solución. Lo que sucede es que la desinformación y la ignorancia sobre la propia sexualidad son más comunes de lo que se cree y no sólo en esta etapa de la vida, aunque es en ésta, donde se hace más necesario cambiar de actitud y rescatar la bondad de la sexualidad de los mayores y reivindicarla como un derecho que mejora la calidad de vida, para ello, tenemos que favorecer una serie de transformaciones en el plano social y personal, desde la perspectiva social es necesario:

 

– Desterrar los mitos que convierten la sexualidad en la edad madura como algo inexistente, imposible o reprobable.

– Aceptar unas actitudes positivas que llevan a ver la sexualidad como algo inherente al ser humano.

– Fomentar que los profesionales y las instituciones desarrollen programas específicos, organismos públicos y privados que aborden la sexualidad de los mayores.

Desde la perspectiva individual hay que asumir que se producen cambios a nivel físico y psicológico, pero que hay que trasformar la vivencia de la sexualidad. Las maneras de hacerlo son:

 

– priorizar la calidad a cantidad.

– valorar la extensión y variabilidad de la expresión sexual más allá del coito.

– hacer menos hincapié en metas o resultados y dar más importancia al placer, las caricias y las sensaciones.

– utilizar estímulos adecuados, la práctica y frecuencia que cada situación requiera.

– convencerse de que no se debe apagar el deseo de vivir y de que se puede disfrutar con el mismo entusiasmo que antes.

– reivindicar el clítoris como un componente importante para la excitación y el orgasmo.

– saber que el control eyaculatorio mejorado del hombre de edad permite una relación más prolongada, antes del orgasmo, lo que puede aumentar el placer de la mujer.

– conocer que el hombre de edad requiere de un contacto genital directo mayor para la excitación o el orgasmo.

 

LA MENOPAUSIA Y CLIMATERIO

 

La menopausia se identifica con un punto de inflexión en la vida de la mujer, es un acontecimiento en la historia personal de cada mujer, en la que intervienen una serie de cambios hormonales que van a provocar alteraciones de gran repercusión en su fisiología corporal, por suerte, las connotaciones negativas están en declive, aquellas que hasta hace poco tiempo relataban la llegada a esta situación como la transición a dos hechos dramáticos: el comienzo de la vejez y la imposibilidad de la maternidad. Hoy, en pleno siglo XXI, los papeles han cambiado, la mujer ha de vivir la menopausia como una etapa natural, que le ofrece nuevas posibilidades y le permite gozar de la sexualidad sin tomar precauciones para evitar un embarazo no deseado.

Con frecuencia se utilizan como sinónimos las palabras menopausia y climaterio, aunque su significado no es el mismo. El término menopausia se refiere específicamente al momento en que cesa la menstruación, que se presenta a una edad aproximada de 50 años (dos años antes o dos después), si aparece antes de los 40 años hablamos de menopausia precoz, y de menopausia tardía cuando se retrasa hasta después de los 55; por su parte, el término climaterio hace referencia al periodo anterior y posterior a la presentación de la menopausia, y tiene una duración que oscila entre 5 y 15 años.

La función ovárica no se interrumpe de forma brusca, sino que, por lo general, disminuye con lentitud, con la pérdida de esta función, hay un descenso de estrógenos que es el motivo de la irregularidad de los ciclos menstruales y de su retirada (fecha de la menopausia). De un modo genérico podemos denominar como síntomas propios del climaterio los sofocos y sudación, la disminución de la masa ósea y la atrofia genital.

 

Síntomas de climaterio

 

  • Los sofocos aparecen en los dos años posteriores a la menopausia, pero en el 25% de las mujeres pueden persistir hasta 5 años o más. Se experimentan como repentinas e inesperadas explosiones de calor que la mayoría de las mujeres localiza en los brazos, el pecho, la cara y el cuello. Cuando ocurren de noche (sofocos nocturnos) pueden dificultar el sueño y provocar cansancio desde el inicio del día e irritabilidad.

 

  • Pérdida de masa ósea, la osteoporosis afecta a un gran número de mujeres y provoca aumento de la fragilidad ósea y es, en gran medida, responsable de las numerosas fracturas que suceden en esta época, sobre todo de cadera, columna y muñeca.

 

  • Atrofia y sequedad de la mucosa vaginal con acortamiento y estrechamiento de dicho órgano. Esto puede provocar dolor durante el coito (dispareunia) y descenso acusado de la actividad sexual, sin embargo, numerosos estudios han demostrado que la mujer que antes de la menopausia ha disfrutado de una sexualidad placentera y la ha seguido manteniendo a lo largo del climaterio consigue una buena lubricación vaginal, puesto que la propia actividad optimiza la circulación vaginal.

 

Algunos síntomas que percibe la mujer ser relacionan de una manera errónea con la pérdida de interés sexual durante la menopausia, otros síntomas se han asociado de manera errónea a la menopausia, puesto que no se ha demostrado relación alguna con el descenso de estrógenos, entre éstos destacan:

– La pérdida de interés sexual; está injustificada su asociación con la menopausia.  No hay ninguna razón científica que avale la relación causa-efecto, además, numerosos estudios demuestran que el factor que determina con mayor peso la ausencia de actividad sexual en la mujer mayor es la falta de compañero, algo que a esta edad comienza a ser frecuente.

La menopausia no es el fin de la vida erótica

La menopausia y el climaterio suponen sólo el final de la capacidad reproductiva, pero la vida erótica y sexual no termina con ellos, son una etapa más de la vida que se puede disfrutar con plenitud, manteniendo una óptima salud sexual, gozando del sexo, del amor y la pasión.

Muchas mujeres disfrutan más intensamente de su actividad sexual en este periodo porque pierden el miedo al embarazo y es fácil que la relación de pareja mejore, puesto que los cambios experimentados en el hombre modifican su ‘urgente impulso sexual’ e invierten más tiempo en realizar caricias a su pareja.

Esta fase se revela para muchas parejas heterosexuales como uno de los periodos más felices de la armonía sexual desvinculados del binomio sexo-procreación, pueden vivir las relaciones sexuales con más libertad que nunca: lo único que se persigue es el placer recíproco, expresar el cariño y el deseo que se siente por el otro.

La utilización de lubricantes vaginales ahora puede resultar muy útil y es un recurso que suele potenciar el juego erótico, no podemos olvidar que no sólo el coito es fuente de placer sexual, además de los genitales, hay otras partes de nuestro cuerpo capaces de hacernos disfrutar y esto es más manifiesto según se van cumpliendo años.

 

LA ANDROPENIA O ANDROPAUSIA

 

En los años noventa se empezó a usar el término de “andropausia” para denominar un estado de deterioro que con la edad sucede en los varones, y se acuñó así por la aparente similitud del proceso masculino con la menopausia de la mujer, aunque se ha comprobado que ambas vivencias no son iguales.

Llamamos andropausia al proceso por el que las capacidades sexuales del hombre van declinando con la edad, al igual que otras funciones orgánicas, así como a la mujer no le es posible engendrar cuando alcanza el climaterio y ese periodo es identificado claramente con la llegada de la menopausia, en el hombre se produce una progresiva pérdida de su potencia sexual, sin que llegue a un final concreto, como ocurre en la mujer, el varón, debido a la constante producción de espermatozoides, puede engendrar y tener la capacidad de procrear hasta muy avanzada edad, incluso superados los 70 años.

Según cada individuo, este periodo se iniciará en un momento u otro, condicionado por una serie de factores: estrés, alimentación, actividad física, factores hereditarios, tipo de vida sexual. Podemos pensar que la andropausia es progresiva y con características propias en cada sujeto.

La andropenia engloba las alteraciones relacionadas con la disminución del nivel de andrógenos que siente el varón a partir de los 50 años, algunas características de este proceso, relacionadas con el déficit de testosterona son el descenso de la libido, el cansancio, la debilidad general y falta de apetito sexual.

Los cambios en la esfera sexual que experimentan los varones que la presentan, alrededor de la mitad de la población masculina en edades próximas a los 60 años, son los derivados del constante descenso en los niveles de testosterona por la disminución de manera natural y progresiva de la función testicular:

 

  • signos físicos de hipogonadismo: disminución del deseo sexual, del volumen de ambos testículos y alteración de los caracteres sexuales propiamente masculinos con disminución del vello de la cara y del pubis, etc.
  • deterioro de la calidad seminal y la capacidad fecundatoria, con menor volumen y proyección en la eyaculación.
  • erecciones menos firmes debido a una pérdida más rápida de la vaso congestión genital, por lo que son necesarios más estímulos físicos y mayor tiempo para alcanzar la excitación.
  • orgasmos que se perciben como menos intensos y de menor duración.
  • ginecomastia, es decir, aumento del tamaño de las mamas.

 

La vejez no es una etapa asexuada, puesto que el ser humano no sólo depende de niveles hormonales y mensajes genéticos, los matices psicológicos son importantes.

La alteración en la sexualidad tan sólo es una parte del trastorno. Sin embargo, hace que el hombre sienta que va perdiendo su masculinidad, su potencia sexual y parte de su atractivo, lo que puede conducir a un deterioro en su autoconfianza y autoestima si no dispone de información suficiente para entender el proceso en el que está inmerso.

Esta pequeña reseña nos deja más que claro que la sexualidad se vive durante toda nuestra vida, solamente que con cambios y de manera diferente, no dejando se ser una necesidad básica para el ser humano.

 

DR. CÉSAR MEDRANO PÉREZ

 

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