La relación estrechísima entre el hombre y su tierra

La relación estrechísima entre el hombre y su tierra

Le Typicite

Hace algunos años se exhibió en Francia y posteriormente en Estados Unidos, un film documental por Jonathan Nossiter, llamado MONDOVINO, que además de haber tenido mucho éxito de audiencia, desato fuertes discusiones o enfrentamientos entre factores importantes del mundo del vino.

Nossiter, defiende la tradición, la experiencia acumulada por siglos y la tipicidad del vino, como producto de la unión del hombre que produce el vino y su terruño, contra la homogenización impuesta por la riqueza, la tecnología y el mercadeo, de algunas economías como la de Estados Unidos, que con éxito a veces, obtienen vinos en cualquier punto geométrico, que imitan con gran fidelidad vinos típicos de otra región particular. Los cuales mediante puntajes, mercadeo, clasificaciones y opiniones de críticos y consultores afamados hacen que la gente al degustarlos valore artificios por sobre la autenticidad.

Los artífices de esta moda, -yo le llamaría fenómeno-, de consumir vinos estereotipados y alcoholosos, según el Sr. Nossiter fueron especialmente Michel Rolland consultor de vinos de Pomerol, The Wine Spectator, importante revista de vinos y Robert Parker dueño y director de la publicación The Wine Advocate.

La influencia de un crítico como Robert Parker, plantea dos realidades. Parker impuso un tipo de vino que, en algunos aspectos, tiene una consecuencia positiva y en otros no tan benignas. Las bodegas comenzaron a elaborar un tipo de vino adecuado a los gustos del crítico norteamericano. Como aficionado más o menos frecuente, vas catando vinos de una zona y de otra y compruebas, defraudado, que no existe apenas diferencia. No hay tipicidad. Encontraremos por norma, vinos muy golosos de nariz, sin embargo, carentes de personalidad, muy parecidos. Al principio equilibrados pero, generalmente demasiado homogéneos. El mismo tanino, el mismo tostado, la misma uva. ¿Qué interés se nos presenta?.. Ninguno. Pareciera que el único objetivo fuera competir en precio, nada más.

Sin embargo, el mercado, sobre todo el anglosajón, beneficia el consumo de este tipo de vino en detrimento de los productores de vinos típicos del viejo continente, lo cual repercutió positivamente en las ventas del nuevo mundo.

Mientras tanto, en Francia, especialmente en la Borgoña donde los viñedos son pequeños en extensión y generalmente de pequeños propietarios, el conocimiento minucioso y profundo de la tierra, sus uvas y su clima heredado por tradición, les permite producir vinos de una complejidad y tipicidad incomparable, al contrario de los nuevos países productores y nuevos amantes del vino, que todavía no han podido establecerse en cada caso en el concepto del terruño, quizás porque eso depende de experiencias acumuladas a lo largo del tiempo, aunado al amor que el campesino europeo y el francés en particular le tiene a su tierra.

La riqueza de un vino se basa en la tipicidad del caldo. Un vino es grande cuando, además de responder a una gran selección de uva y de vinificación, expresa a la tierra donde ha nacido, por tanto su tipicidad.

 

Arq. Joaquín Fernández Rizo

Gran Maestre de la Cofradía del Noble Vino

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