EL NIÑO QUE SE SIENTE AMADO, EXTRAORDINARIAMENTE PUEDE SER EDUCADO

 

EL NIÑO QUE SE SIENTE AMADO,

EXTRAORDINARIAMENTE PUEDE SER EDUCADO

 

“El amor es incondicional y debe presentarse de esta forma a nuestros seres queridos”

El amor incondicional es un amor pleno en el cual amas a una persona simple y sencillamente por ser quien es, con debilidades y fortalezas, siempre buscando mejoras, OJO, sin intentar cambiarlo, simplemente favorecerlo.

Te invito a responder a la siguiente pregunta, ¿Amas a tus hijos de manera incondicional? Yo estoy segura de que tu respuesta es algo como: “Por supuesto que sí, indiscutiblemente”. En este caso me encantaría que supieras que en ocasiones transmitimos tanto amor que no podemos concebir la idea de que éste no llegue a ser percibido por nuestros seres queridos, pero ¿Conoces el juego del teléfono descompuesto?, ¿Podrías creer que el amor se transmite de esta misma manera en muchas de las familias que se AMAN?

Así, tal como en un teléfono descompuesto transmitimos mensajes que apenas llegan comprensibles a los receptores, en la mayoría de los hogares el amor es percibido de una forma distorsionada, interrumpida, incompleta, incoherente. Te invito a que te detengas a pensar un poco en la siguiente pregunta: ¿Cómo demuestras tu amor a tus seres queridos?

En el año 2013 tuve la oportunidad de trabajar con un grupo de pequeños de diversas edades que oscilaban en aquél entonces entre los 3 y 10 años de edad. Para uno de tantos temas dentro del taller para los pequeños utilicé la técnica “La caja mágica”. Consiste en presentar a los pequeños una caja preciosa envuelta con un moño grande, diamantina y colores brillantes que los lleve a sorprenderse: “En esta hermosa caja está lo más maravilloso del mundo”. En su afán de querer descubrir el interior de la caja, pregunté a mas de 50 niños en distintos grupos, ¿Qué crees que hay aquí adentro?, ¿Qué es para ti lo más maravilloso del mundo? Permitiendo que los pequeños tocaran, cargaran y menearan la gran caja, cada uno fue mencionando lo que consideraba ser lo más maravilloso del mundo. ¿Qué responderías tú a esta pregunta?, ¿Qué consideras que respondieron los pequeños?, ¿Quieres saber la respuesta?… “un avión gigante”…”un dinosaurio con luces que destruye”… “la muñeca nueva que habla”…”un ipod”… “una moto de Barbie donde yo me subo”…”colección Monster High”. ¿Increíble?, ¿Qué estará pasando?, ¿Qué estaremos haciendo para que a tan temprana edad los pequeños consideren los objetos materiales como lo más maravilloso del mundo?

Papis y mamis, chicos y chicas, la felicidad, el amor, y muchas otras maravillas se encuentran única y exclusivamente en nosotros mismos. Sorprendente la reacción de cada uno de los pequeñitos al permitírseles abrir uno por uno aquella caja hermosa y mostrarles lo que había en su interior: un espejo donde podían ver el reflejo completo de sí mismos… Con poca experiencia, debo admitir que temblé de miedo al pensar en la posibilidad de provocar una reacción de enojo, frustración o decepción en los pequeños al descubrir que la caja estaba aparentemente vacía, pero ¡Oh sorpresa!, ver las caritas de incertidumbre, alegría, confusión y sorpresa de los pequeños, y escucharlos susurrar “¿Yo?”, ”¡Somos nosotros!”, “¡La psicóloga Lorenita dice que somos nosotros!”, ”¿Miss, nosotros somos lo más maravilloso del mundo?”… “¡Por supuesto que sí!”. Me es imposible explicar con claridad lo que sentía en tales momentos, ¿Qué vivencias han impedido a un pequeño imaginar que él es lo más maravilloso del mundo?

Continué aplicando esta técnica en grupos de niños de diversas edades y niveles socioeconómicos, y seguí recibiendo las mismas respuestas. Tiempo después comencé a observar e hilar ejemplos que podrían estar llevando a los pequeños a internalizar esta pobre y paralizante idea. Me topé con varios, te comparto uno y sé que a tu mente vendrán varios más. Durante el transcurso del mismo año salí de viaje con amigas y al regreso, mientas esperábamos para abordar el avión de regreso a la ciudad de Tijuana, alcancé a escuchar la conversación de dos muchachas de aparentemente unos 28 años de edad. Una de ellas se encontraba desesperada por haber olvidado comprar un recuerdito para su pequeña de 5 años de edad a quien había dejado de ver durante cuatro días para salir de viaje. Logré escuchar que no podía ser que después de cuatro días de no verse su hija la viera llegar sin nada para ella. Al final la chica abordó feliz su avión de regreso con un peluche que compró de último minuto en el aeropuerto de la Ciudad de México, el cual seguramente le costó el precio de unas tres horas laborales, suponiendo que le pagan relativamente bien en su trabajo. ¿Me ayudas a comprender la frase “No puede ser que después de cuatro días de no ver a mi hija, me vea llegar sin nada para ella”?. Por mi mente transcurrían miles de pensamientos y me abstuve de preguntarle: ¿Y tu amor?, ¿Tu presencia?, ¿Tu aroma?, ¿La suavidad de tu piel a su contacto?, ¿Tus palabras?, ¿Eso puedes considerar como NADA para alguien que te ama?

Comencemos a comprender que nosotros somos lo más maravilloso del mundo, y que la valía que nos otorgamos es el ejemplo que les damos a los pequeños de la valiosa relación que pueden desarrollar consigo mismos, favoreciendo así el amor propio y hacia su prójimo. Cuando consideramos que los objetos materiales son necesarios para demostrar afecto a nuestros seres queridos, indiscutiblemente es debido a que las verdaderas muestras de amor a través del tiempo de calidad son insuficientes, es entonces cuando necesitamos llenar grandes vacíos con objetos de valor económico.

Si poco a poco reducimos el valor que otorgamos a objetos materiales nos daremos cuenta que nuestros horarios de trabajo en casa y oficina pueden reducirse de igual forma y proporcionarnos el tiempo necesario para disfrutar en familia. Pensemos en la posibilidad de minimizar las horas de trabajo que nos proveen de objetos materiales y aumentar horas de presencia para brindar amor y apoyo constante. Pero, pensándolo bien, quizá lleguemos cansados de las labores y los juguetes nos ayuden muchísimo para acompañar y entretener a nuestros pequeños, ¿Tu qué piensas?

Después de todo, ¿Qué relación tendrá la demostración de AMOR con la educación de nuestros hijos?

Veamos, ¿Sabías que existen dos tipos de disciplina? Déjame explicarte. A un tipo de disciplina le podemos llamar disciplina externa o de control externo, y a la otra le llamaremos disciplina interna o autocontrol. Comencemos con un excelente ejemplo. Hace unos 4 años tuve la oportunidad de trabajar como auxiliar de maestra en un Preescolar. Me parecía fácil observar y juzgar lo correcto e incorrecto en la práctica de las educadoras frente a grupo. El caso más sonado en el Preescolar, un pequeño valiente que siempre sabía lo que quería y luchaba para conseguirlo y donde su batalla concluía siempre con un gran round alumno-maestra(o): “Aquí no vas a estar pataleando ni me vas a estar hablando así, nomás los bebés se portan como tú, vámonos para Maternal” (aunado a intercambio de manotazos y empujones). Y lo veía ahí, el pequeño valiente constantemente sentadito rodeado de bebés en pañales y biberones. A veces serio denotando confusión y temor, otras ahogado en llanto denotando tristeza, rabia, vergüenza, descontento. Indescriptibles las sensaciones que recorrían mi corazón en dichos momentos. ¿De qué manera esta técnica podría favorecer a un pequeño? los niños son solo eso, niños. Analiza a tu yo niño, cuídalo, ámalo, sánalo a través de la práctica correcta de educar a tus seres queridos.

Luego de unos 6 meses de trabajo, ascendí a titular del grado Maternal, y consecutivamente tomé el papel como maestra de inglés en donde tuve la oportunidad de trabajar con 1ero, 2do y 3er grado de Preescolar. Estando al mando de grupos de aproximadamente 20 niños y niñas de entre 3 y 5 años de edad comencé a armarme de valor y poner en práctica las herramientas que como Licenciada en Psicología había obtenido a lo largo de mi carrera y, claro está, el conocimiento agregado durante mi papel como juzgante No. 1 del personal educativo de dicha institución.

Fue entonces cuando comencé a casarme con la idea de que la psicología es “mágica”, sí, sí, “mágica”, tal como lo lees. Un día estaba ahí, dando mi primer clase a los pequeñitos del 2do grado de Preescolar, y tarán, el famoso pequeño valiente mejor bautizado como “tsunami” estaba ahí, con cara de angelito sentado en su mesita recibiéndome con una enorme sonrisa: “Buenos días maestra Lorenita, ¿Puedo rayar en el pizarrón?”, pregunta a la cual respondí: “Ahora es tiempo de estar sentadito, les voy a explicar lo que vamos a hacer”, –“¡No, yo quiero rayar en el pizarrón, déjame, déjame, voy a rayar!, y le seguí diciendo: “Yo a veces me enojo cuando debo esperar para hacer algo que quiero, me parece que tu ahora estas enojado, si necesitas llorar gritar o patalear puedes hacerlo respetándote a ti y a la clase”. Entonces, percibí su gran enojo y gran necesidad de golpearme, y le indiqué un espacio en el salón cerca de mi escritorio, en el cual le permití externar sus emociones.

Con un poco de miedo a lo que sucedería posteriormente, observé cómo se fue a esconder bajo mi escritorio, en donde comenzó a mencionar “Quiero rayar quiero rayar”. Me incliné y viéndolo a los ojos respondí, “Te quiero mucho y es importante aprender a respetar las reglas de clase, si necesitas algo dímelo, yo estoy aquí para ti”. No miento, pasaron alrededor de 30 segundos que me parecieron inmensos, y el pequeño valiente salió del escritorio con los ojos llenos de lágrimas diciendo “necesito un abrazo”. Respondí “Claro que sí, yo también lo necesito, muchísimas gracias”; el pequeñito me abrazó, se limpió su carita con la manga de su chamarra, y pasó a sentarse. Aún más indescriptible la sensación que pasó por mi cuerpo en ese momento, con simples palabras de amor, comprensión y cuidado logré que el pequeño valiente identificara lo que quería, luchara por ello y descargara su frustración, para luego nuevamente identificar otra necesidad la cual le fue satisfecha. Estrellita para ambos, tuvimos un día hermoso en la clase.

Claro que no fue el único evento, hubo más y algunos duraron más tiempo, y en cada momento recordé que yo soy ejemplo, que yo modelo el respeto, la tranquilidad, la tolerancia y sobre todo el amor a lo que realizo día con día. En este breve y fructífero ejemplo podemos ver que el pequeño valiente reguló su conducta en función de amar y sentirse amado, aceptado, comprendido, apoyado. ¡Esta es la verdadera disciplina, la disciplina interna y el autocontrol!.

Pero ¿Cuál será la disciplina de control externo?, ¿Cuál estaré utilizando yo? Cuentos, chistes, comentarios, experiencias me han hecho conocer historias como la siguiente, la cual estoy segura, tu también has escuchado o quizá vivenciado. Es típico que al romper una regla y ser castigado, un niño amenace con estar enfadado y decidir irse de casa, ¿Como responderías tú si tu hijo de 3, 5, 7, 8, 10 años te plantea esta situación?, ¿Pasas por alto la transgresión de las reglas para que se quede?, ¿Le pides con lagrimas en los ojos que no te abandone?… ¿Qué haces? En mi experiencia, he sabido que estos pequeños plantean una excelente idea a sus padres, quienes apoyan su propuesta abriéndoles las puertas de casa para que se vayan –“¿Ah! te quieres ir de la casa? ¡Adelante, la puerta está abierta!”. ¡Increíble!, difícilmente a un chiquito se le permite tomar decisiones referentes al hogar, pero ¡ésta parece ser una idea magnifica! y, como aún “no he aprendido a seguir reglas, puedo irme de casa y a nadie le importa”. Finalmente los chicos, sin la capacidad para llevar a cabo el gran plan de tal impacto familiar que se les ha ocurrido y que sus padres aprueban, deciden mejor permanecer en casa y seguir la regla, ¿Funciona bien no?, los padres logran que sus hijos levanten sus juguetes, coman saludable, digan por favor y gracias, se queden sentaditos, se pongan el cinto… ¿Y tú?, ¿Si estuvieras a punto de perder tu TODO, tu casa y tu familia, que tanto estarías dispuesto a hacer para recuperarlo?, ¿Consideras que tu hijo forja su disciplina a través de valores de amor y cuidados que lo forman como excelente ser humano?, ¿O parece ser que obedece porque tiene terror a ser abandonado, a perder su TODO?… ¿Qué tantos sentimientos y emociones pueden recorrer el pequeño corazón de un niño de 3, 5, 7, 8, 10 años, a quien se le han abierto las puertas de casa para ser despedido de sus seres queridos?.

Como éste te puedo dar mil ejemplos más, donde muchas veces nuestra falta de empatía y conocimiento repercute en nuestras relaciones con las personas que amamos. Te invito a hacer conciencia, ser sensible a lo que lees y esquivar las pedradas que recibes, para después tomar las piedras del piso y utilizarlas para trazar un camino distinto, el camino que te lleve a dar y recibir apoyo y amor incondicional para ser feliz.

“Luchemos por una disciplina que nos lleve a dejar de obedecer con temor para comenzar a sentir y obedecer por amor”

 

Claudia Lorena Pérez Muñoz

Psicoterapeuta Infantil

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