EDUCACIÓN NO ESTEREOTIPADA

EDUCACIÓN NO ESTEREOTIPADA

Una forma de combatir la violencia y discriminación de género

Si considera que los niños mostrados en las imágenes están con el juguete que le corresponde al otro género, siga leyendo.

A continuación, el siguiente contenido describe ideas revolucionarias, que si bien no son exclusivamente mías, invito al lector a teclear en su navegador el título de “educación no estereotipada” y encontrar que es un tema con poco (si es que inexistente) información al respecto. Si llega a tropezar con otro artículo o investigación, le animo a abrirse a esta información. En estas breves líneas trataremos de dar un nuevo enfoque a miles de años de educación paternal.

De entre todas las enfermedades que guarda nuestro país, la violencia y discriminación entre géneros es una de las más dolorosas y desconsolantes a la que nos enfrentamos. Algunos se atreven a decir “hay que adaptarse”, pues es una problemática multifactorial tan antigua como nosotros mismos, pero aquí es donde les ánimo a considerar que la educación, es el “medicamento” poderoso para abatir esta condición.

Antes de entrar en materia, debemos de definir la palabra estereotipo:
“Idea o imagen aceptada por la mayoría como patrón o modelo
de cualidades o de conducta”1

Un discurso muy famoso -que se anexa al final del artículo-de Chimamanda Ngozi Adichie, nigeriana feminista, plantea que no solo las mujeres se verían beneficiadas por un giro hacia la igualdad en la sociedad, sino que también los hombres. Es difícil ver al género masculino en una posición vulnerable, sin embargo, al igual que a las mujeres, a ellos se les imponen modelos a seguir que también causan frustración, que si no siguen, fracasan como hombre, y son tomados por “afeminados”, “desviados” o “poco hombres”.

Entonces, la educación dada -desde que nuestros hijos son sólo bebés- que no usa estereotipos tales como “el rosa es para niñas”, “el azul para niños”, “el cabello corto te hace ver masculina”, “los hombres tienen que pagar la cuenta”, entre otros varios, permite comenzar un proceso de re-programación de cómo se perciben los niños y las niñas entre sí, es decir, que se miren como iguales y disminuya la agresión al “sexo débil” y la pesada fachada de “supremacía varonil”.
Enseguida se exponen otras ideas que podemos empezar a redefinir comenzando con lo que le enseñamos a nuestros hijos, hermanos, primos, cualquier niño (y adulto en la medida):

• “El rosa para niñas, azul para hombres”
• “Solo las niñas pueden jugar a la cocinita”
• “Solo las niñas hacen deberes domésticos”
• “Los niños no pueden jugar al peluquero”
• “Los niños no pueden jugar con muñecas, solo con carritos”
• “Las princesas solo son consentidas, no pueden hacer nada por sí mismas”
• “Corre/pega/grita como niña”, en sentido peyorativo
• “Los superhéroes son solo para niños”
• “Los cuentos de princesas son solo para niñas”
• “Las visitan al salón de belleza son solo para niñas”
• “Las construcciones de edificios solo están para los niños, ellos son más fuertes que las niñas”
• “Los hombres deben de pagar la cuenta”
• “Los hombres deben de ser fuertes y no llorar”
• “Leer novelas es solo para mujeres”

Como padres, es una preocupación constante el bienestar de nuestros hijos y ésta puede ser una forma de comenzar a construir un mundo más pacífico para ellos. Enseñarles desde pequeños a expresar sus gustos y respetar lo de los demás es clave para derribar las barreras que se nos imponen.

Es hora de abrir nuestras mentes, corazones y hogares a una nueva visión de educación que espera mejorar la convivencia entre hombres y mujeres, que no fomenta la tolerancia, sino la aceptación de sus mutuas diferencias y así, poder ejercer quizá, por primera vez la libertad de ser como realmente somos sin ser violentados por ello.

 

DRA. LUISA PATRICIA HERNÁNDEZ MATA

 

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