La maravillosa infancia

La maravillosa infancia

La capacidad de asombro, de encontrar a nuestro alrededor algo digno de admirar, es una cualidad que caracteriza a la niñez. En nuestra infancia un pequeño juguete, un sencillo truco de magia o el revoloteo de una mariposa nos causaba una gran impresión. ¿Cómo podía un objeto cualquiera desaparecer ante nuestros ojos en un simple instante?

A través de cálculos matemáticos o ilusiones ópticas, las jugueterías fabrican un sinfín de divertidos juegos educativos cuyo atractivo reside en el enigma. Dicen que los adultos tendemos a complicarnos la vida y es por ello que “nos rompemos la cabeza” tratando de encontrar la solución a un problema, cuando en muchas ocasiones la respuesta es muy sencilla.

Las responsabilidades que conlleva la vida adulta nos han alejado poco a poco de la plenitud que se experimentaba en la infancia: la pulcritud dejó atrás la tierra que manchaba nuestras rodillas, los abrigos, la despreocupación de contraer alguna enfermedad y el deber ahorrar, el disfrutar gastar todo nuestro “domingo” en nuestras golosinas favoritas.

Las actividades que se desarrollan en Museo Caracol son para disfrute de niños y adultos; sin embargo, durante los recorridos guiados que se organizan en la actualidad, son los niños quienes nos recuerdan la importancia de dejarnos sorprender. Si se trabaja de manera adecuada, con actividades recreativas orientadas al aprendizaje, el conocimiento permanece en ellos.

Otra cualidad que distingue a los niños es la facilidad para relacionarlo todo, como piezas de un rompecabezas. Casi en automático relacionan la basura mal distribuida con la contaminación y ésta, con el deterioro del medio ambiente. No hace falta dar más detalles para que creen conciencia de la importancia de arrojar la basura en su lugar. “¿Por qué la gente no hace caso?” nos cuestionó un pequeño en alguna ocasión. En su mente, grande y joven a la vez, no hay cabida para este tipo de desobediencia, la cual nos afecta a todos, ya sea con o sin intención.

Una de las satisfacciones más grandes que nos deja las visitas con niños es la seguridad de que se tiene una influencia positiva en la forma de pensar de los niños, quienes son los principales portadores de buenas noticias.

Este espíritu de empatía y amor por nuestro entorno es algo que los caracteriza, pero que todo adulto lleva consigo. Disfrutemos lo que nos gustaba en la infancia. Nuestro niño interior está deseoso de seguir aprendiendo, de seguir sorprendiéndose cada día.

 

Caracol, Centro Científico y Cultural, A.C.

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