La Salud Mental del Adolescente

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La Salud Mental del Adolescente

La Cartilla Nacional para Adolescentes, es decir de edades desde los 10 hasta los 19 años, contiene una serie de recomendaciones básicas para la salud en la adolescencia. Lamentablemente muy pocos cuentan con una y mucho menos le dan seguimiento a las recomendaciones que ahí se emiten.
Esta guía técnica hace énfasis en la promoción de la salud como eje de una vida sana, mediante consejos de higiene personal, alimentación correcta, actividad física, salud bucal, salud sexual y reproductiva, prevención de adicciones, de violencia y la prevención de enfermedades específicas.
Con todo esto, un papel central del desarrollo lo constituye la salud mental, los aspectos afectivos y emocionales a los que se enfrentan las personas en esa etapa de la vida.
Esta etapa es fundamental para prevenir riesgos y prepararse para enfrentar los eventos que la vida cotidiana les presenta, con la finalidad de que tengan una vida productiva y fructífera, que les permita desarrollar todo su potencial en la vida madura.

En este sentido la cartilla aparta los siguientes temas:

Promoción de la salud mental
En este sentido se debe alentar el mantenimiento de relaciones positivas, de cuidado y apoyo con sus familias y con otros adultos significativos en su vida, así como fortalecer sus redes de apoyo.
Se debe promover y fomentar que los y las adolescentes tengan un ambiente favorable, en términos de la práctica de actividades físicas, de recreación y condiciones favorables para la educación y el desarrollo de un proyecto de vida.

Promoción de conductas protectoras y habilidades para la vida.
El éxito en la vida depende de la capacidad de contar con habilidades para sortear los desafíos y exigencias de la vida diaria.
Las competencias psicosociales que se deben obtener en esta etapa de la vida son fundamentales para una vida adulta con madurez y fortaleza. Para comunicarse socialmente, tomar decisiones positivas, capacidad negociadora, pensamiento crítico y manejo adecuado del estrés.
También para el control personal de emociones y frustraciones, con capacidad para reconocer sus limitaciones y desarrollar sus potenciales y solicitar apoyo cuando sea necesario.
Para aprender a comunicarse con su familia y conseguir la aceptación de amigos, identificando lo que puede resultar nocivo y aprender a decir “no”.
Se debe aprender a participar en la solución de problemas familiares, escuela y comunidad, así como a manejar el tiempo libre y recreativo.

Un importante apartado de esta guía es la:

Identificación de signos y síntomas de depresión.
En esta etapa los estados depresivos son frecuentes y generalmente se manifiestan diversos signos y síntomas, como dolor de cabeza, dolores abdominales, dolor menstrual, dolor articular, alteraciones del sueño, apetito y dificultad para la atención en las actividades de la escuela, que se traduce en bajo rendimiento escolar.
Algunos de los datos incluyen: irritabilidad, apatía, pérdida del interés en actividades, aumento o pérdida del apetito, insomnio o hipersomnia, fatiga, sentimiento de minusvalía, tristeza o desprecio por uno mismo, pensamientos sobre suicidio, miedos o preocupación obsesiva por la muerte y comentarios, planes o intentos de suicidio.

Detección de riesgo de suicidio
El estrés, las presiones derivadas de responsabilidades nuevas, la incertidumbre económica, los fracasos emocionales, los eventos familiares como divorcios o separación de los padres, formación de nuevas familias, situaciones sociales estresantes pueden empujar al consumo de sustancias, al aislamiento, al deterioro de la autoestima generando el caldo de cultivo para un evento depresivo que puede culminar con suicidio.
La detección incluye, no solo las quejas somáticas, sino también la pérdida de interés en sus pasatiempos y otras distracciones, poca o nula tolerancia a la frustración, cambios de conducta repentinos, amenazas de cometer suicidio.

Identificación de signos y síntomas de bulimia y/o anorexia.
Estos trastornos de la alimentación se asocian a diversos factores desde psicológicos, emocionales, culturales y económicos.
Generalmente no se acude a consulta por esas conductas hasta que se manifiestan por anemia, adelgazamiento excesivo, amenorrea, depresión y cuando es demasiado tarde pueden ocasionar la muerte.

Requieren estos jóvenes la atención multidisciplinaria de médicos, nutriólogos, psicólogos o psiquiatras, activadores físicos y trabajadores sociales.

Se tiene que promover socialmente la incorporación a programas de rutina de atención a la salud. Todo mundo debe tener su cartilla de salud correspondiente para una mejor vigilancia que lleve a una vida sana y productiva.

 

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