El vino, los jóvenes y la educación

El vino, los jóvenes y la educación

Hablar de educación sobre el consumo inteligente de un producto como es el vino, en un país donde la desolación educativa se enseñorea y se exhibe escandalosamente para vergüenza de propios y extraños, podría resultar ocioso. Sobre todo para quienes limitan la educación al solo hecho de acumular conocimientos, o para aquellos que dirían que, -a quien le importa una educación en materias etílicas, cuando lo verdaderamente preocupante deberá ser salir de ese mar de ignorancia en que nos ha sumergido la suma de políticas educativas de cada emperador en turno-. Y claro que estos últimos tendrían su parte de razón.  Porque habrá usted de saber estimado lector, que nuestro querido país, comparativamente ocupa uno de los últimos escaños en educación  a nivel mundial. Y para colmo, el Estado que nos vio nacer, (cuando menos a mi sí), nuestro estado,-que fuera pionero en los avatares democráticos-, en las tareas de la  educación se ha rezagado tanto hasta ganarse merecidamente el  ultimo lugar a nivel nacional.

Bajo este triste panorama, y con sobrada razón, bien podría usted seguir pensando, ¿a quien le puede preocupar educarse en el consumo y goce de los placeres etílicos?…. Pues nada menos que a Usted o a Ustedes, los padres de familia- y a la sociedad.  ¿Al gobierno? No… No lo creo.

Definitivamente, los padres de familia y la sociedad, son  quienes deberán valorar la importancia de la educación de los hijos sobre la bebida. Enseñándoles, el respeto por el vino y la moderación en su consumo, lo que dará a la larga una base muy sólida al joven para no caer en las tentaciones de moda y en los usos abusivos en busca de supuestos paraísos artificiales que tanto afecta incluso en la educación formal.

De unos años a la fecha estamos presenciando un aumento considerable en el consumo de alcohol en forma masiva entre los adolescentes y jóvenes, con el único objetivo de consumar la embriaguez de la manera más rápida posible. Esto ya es un problema de suma importancia y que nos atañe. Problema que podría tener su origen en un aspecto sociológico, en el sentido de una necesidad colectiva de evasión por medio del alcohol. A esto podría añadírsele el factor de la oferta en gran número de bares para “gente muy joven”, así como la falta de alternativas o actividades de tiempo libre.

Existe una gran tendencia en una mayoría de jóvenes a una alcoholización de fin de semana. Amigos que se juntan únicamente para emborracharse. Con esta actitud se desprecia por parte de los adolescentes la sana, buena y saludable opción de consumo regular y moderado. Sin embargo, lo más preocupante de esta tendencia es su progresión.

No cabe ninguna duda que entre los actuales adolescentes consumir vino es una bobada. Durante la semana, estos jóvenes borrachos de fin de semana, consumen agua, refrescos o coca cola. Y el fin de semana ingieren alcoholes fuertes y una, sobre todo una enorme cantidad de cerveza que reditúa grandes utilidades a fabricantes y cantineros. Si usted les preguntara por qué hacen esto, un 49% contestará que por placer, un 48% lo hace para olvidar y un 3% para estar borracho.

Toda esta circunstancia juvenil progresiva confirma que la educación de los hijos sobre la bebida es de suma importancia. Sobre todo, si tenemos en cuenta que un 84 % de nuestros jóvenes de entre los 16 y los 20 años consumen, unos más otros menos, bebidas alcohólicas

El vino debe formar parte del conocimiento y la cultura de las personas, los hijos deben ser iniciados cuando son bastante jóvenes, el vino debe ser un producto con que se esté familiarizado en el hogar y debe ser visto consumir de forma moderada y habitual por los padres. De esta manera el joven comprenderá indirectamente que el vino es un alimento completo y que no es un recurso para apagar la sed, sino una bebida para degustar y saborear.

Sería tarea de los padres aprovechar cualquier oportunidad para atraer la atención de los hijos a los temas de la elaboración del vino y hacer descubrir poco a poco la variedad de los diferentes caldos y, sobre todo, la jerarquía de la calidad de los mismos. Se debe, por tanto, mostrar al hijo el respeto y cariño que se tiene y se siente por el vino, intentándole transmitir, en todo momento, una sensación de bebida saludable consumida siempre junto a los alimentos y de forma moderada y habitual.

El adolescente al ver a sus padres realizar en cierta forma apología del vino, con plena conciencia de que contiene alcohol, habrá sido iniciado en su descubrimiento dentro de un ambiente excento de miedos y tabúes. Será  precisamente esta educación realizada con profundidad por los padres el mejor camino para su vida de adulto, en donde dará muestras de un dominio natural para consumir bebidas alcohólicas conforme a la educación que le ha sido suministrada y a la cultura en la que ha vivido.

Sin embargo, toda iniciación familiar en el vino no estará completa si no está siempre acompañada y prolongada dentro de un marco de información didáctica por parte de la escuela, y también por medio de mensajes públicos coherentes y objetivos. Lo cual puede ser mucho pedir.

 

Arq. Joaquín Fernández Rizo

Gran Maestre

Cofradía del Noble Vino

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