LA EPIGENÉTICA CONDUCTUAL

 

LA EPIGENÉTICA CONDUCTUAL

 Un nuevo campo de estudio

Suele pasar en la vida que de repente nos preguntamos ¿Por qué me comporto de esta manera? o ¿Por qué no puedo dejar de ser así? ¿Para qué tengo que aceptar y dialogar estas líneas entre mis pensamientos que me hacen reflexionar de tal o cual forma además de identificar lo que estoy viviendo?

Mucha gente le llama meditación, horas de reflexión o tiempo para uno mismo. La verdad es que cómo le quieras decir o etiquetar, no hay cuidado. Lo importante es que necesitas platicar con tu cerebro y saber qué está pasando con tu vida.

Y suele suceder también que te preguntes cosas como hacia dónde vas, o qué dispones de ti en la vida, o qué te sigue interesando o te encantaría seguir viviendo.
Por eso, me gustaría que continuaras leyendo un poco más de lo que voy a escribir: es sobre algo que vengo revisando hace un par de meses y que en mi opinión es un compromiso compartir a través de esta revista especializada en salud.

Qué es la Epigenética

El punto de partida en estas reflexiones es la Epigenética, la cual puede definirse como el estudio de modificaciones en la expresión de genes, o como el conjunto de reacciones químicas y demás procesos que modifican la actividad del ADN, pero sin alterar su secuencia.

Según el rastreo que llevo a la fecha, el término Epigenética fue acuñado por Conrad Hal Waddington en 1942, para referirse al estudio de las interacciones entre genes y ambiente que se producen en los organismos. Es a principios de este siglo, luego del Proyecto Genoma Humano en el año 2003, que los científicos detectan con mayores certezas que hay mucho más en las bases moleculares del funcionamiento de las células; cuestiones como el desarrollo del organismo, el envejecimiento, y el comportamiento de muchas enfermedades, se empiezan investigar con nuevos enfoques a la luz del concepto epigenético.

Estas nuevas pautas empezaron a cambiar también la idea que se tenía hasta hace pocos años de que “los seres humanos somos lo escrito en nuestros genes desde la concepción”. Y está cambiando con la velocidad de los avances de la ciencia para lograr descifrar el lenguaje que codifica pequeñas modificaciones químicas capaces de regular la expresión de multitud de genes, en lo fisiológico y en el comportamiento.

Todas las historias están influidas por nuestros antecesores.

Déjame explicarte todo eso que parece tan radical, que genera controversia y colapsa las creencias bioéticas en salud.

Para mí, esto es un resultado entre debates que llevan diferentes caminos pero orientados a un mismo objetivo entre varias disciplinas como la biología, la genética, la epidemiologia, la psiquiatría, nutriología, la neurología y la psicología, demostrando, desde el punto de vista de la historia clínica con énfasis en la Antropología Social, que cada raza y cada pueblo tiene inscrito su propio código genético con la historia del desarrollo de su cultura, y en lo individual, la historia de cada persona. Esto se refiere tanto a experiencias positivas como negativas de alto impacto, como los afroamericanos en esclavitud, el proceso de revolución cultural en algunos pueblos abolidos y sometidos a otras civilizaciones avanzadas (Europa conquista América Latina), o bien, una infancia de maltratos psicológicos, verbales y físicos, o padres abusivos.

Dentro de toda esta propuesta se ha observado cómo los cambios son causados por factores externos (principalmente la dieta y el estrés), provocando alteraciones epigenéticas que determinan nuestro crecimiento y desarrollo. Todavía no se conocen completamente sus mecanismos de interacción con los otros componentes del genoma, pero estas alteraciones son “buenas” ya que intervienen en procesos como el embarazo o la inactivación de uno de los cromosomas X con los que están dotadas las mujeres, pero la mayoría de estas “epimutaciones” intervienen en enfermedades como el cáncer, la esquizofrenia o el alzhéimer. Estas “epimutaciones” se producen a lo largo de toda nuestra vida. Pero a diferencia de la genética; la epigenética es un proceso reversible ya que los mecanismos que intervienen en este proceso están regulados por enzimas, las cuales se pueden controlar a través de determinados fármacos que inactivan estas enzimas.

Ahora, si además comprendemos que la alimentación y los químicos pueden producir cambios epigenéticos ¿será posible que experiencias como el estrés o el consumo de algunas sustancias pudieran producir cambios en el ADN de las neuronas?

A su vez, la anterior pregunta abrió el paso a un nuevo campo en la genética: la Epigénetica Conductual. Cuando no hay una coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos, expresamos esa incoherencia en algún síntoma. Todos sabemos que tenemos herencia, que la recibimos a través de los genes. Pero los genes no sólo transmiten la información del color de ojos y la altura, también las emociones. Por eso mediante la metodología de un árbol genealógico se observa la historia clínica familiar y se empiezan a entender experiencias que vienen heredadas. Esto tiene que ver con la Epigenética Conductual.

Lo que hemos sido y lo que queremos ser: El Hábito y la Creatividad.

Además de relaciones con la endocrinología y la neurología, entre otras ramas, el tema también está revelando una nueva y estimulante dimensión constructiva y evolutiva entre lo que hemos sido y lo que queremos ser: el hábito y la creatividad. Con esto también me refiero a la Epigenética Conductual.

Bueno, vamos a empezar por entender que el genoma humano es la codificación genética en la que están contenidas todas las informaciones hereditarias y de comportamiento del ser humano. Es la estructura genética de mayor complejidad en el mundo animal, tiene la información necesaria para que una generación con el mismo genoma humano tenga los mismos rasgos o por lo menos acepte unos cuantos en una composición individual. En síntesis, contiene la información básica necesaria para el desarrollo físico de un ser humano completo.

Podemos entenderlo también como la fuente de acceso para nuestra expresión genética y en ella intervienen factores como el medio ambiente en el que crecemos, los alimentos que consumimos, las conductas que aprendemos y quizás hasta factores psicobiológicos.

Los genes emocionales también se heredan

Según este nuevo enfoque, las experiencias gratificantes y no gratificantes –estilos en recibir la impresión de las emociones– de nuestro pasado, así como la de nuestros ancestros inmediatos (abuelo-abuela, papá-mamá), dejan una suerte de heridas moleculares adheridas a nuestro ADN.

Esto no representa que el ADN cambie, sino que los aspectos psicológicos y del comportamiento de una persona –aquellos que son regulados químicamente como la depresión por el desbalance de ciertos neurtransmisores, pueden ser heredados a los descendientes. Otro ejemplo es el estrés, que afecta la expresión de genes relacionados a la inmunología impidiendo que el cuerpo se proteja y regenere.

La Epigénetica sustenta que las costumbres, hábitos y experiencias de las personas no desaparecen, sino que se adhieren a ellas, consolidando una nueva forma de residuo molecular que se sujeta a la plataforma genética. Con estos avances en la investigación científica empieza a quedar más claro que las experiencias de nuestros padres pueden manifestarse no sólo como principios psicológicos en nosotros, sino también, y esto es lo más prometedor, como expresiones genéticas novedosas que van incorporando las nuevas experiencias, epimutaciones, que van generando los cambios en las reacciones de las personas.

Nuestra historia es una obra en progreso escribiéndose a código abierto.

Esta transmisión de información epigenética a su vez sugiere que quizás sea posible que nosotros mismos desarrollemos voluntariamente epimutaciones y podamos ser capaces de silenciar o expresar ciertos genes: Una actitud frente a la vida, de manera similar a como ocurre con el efecto placebo, puede curar o desarrollar una enfermedad: “los cambios en comportamiento son suficientes para reprogramar tus genes vía químicos que afectan la actividad genética a corto plazo”.

La influencia de los factores externos, los provenientes del medio en que vivimos, influyen en el programa genético induciendo cambios durante el desarrollo del individuo. Entre estos factores ambientales están la educación que recibimos y el trato que se nos da durante nuestra niñez. Así, sin modificar la estructura básica de los genes, estos condicionantes ambientales pueden regular su expresión.

Otros estudios suponen que la percepción es capaz de afectar a los genes (algo como un colapso de la función de onda a nivel molecular). De esto se extrapola que el pensamiento, la oración, la meditación y demás prácticas pueden propiciar epimutaciones.

Lo anterior significa que un nuevo hábito aprendido por una persona puede transmitirse y afectar la epigenética de otra persona, pero más allá de que sea o no aceptado cabalmente dentro de una metodología y un paradigma científico, estas ideas son particularmente estimulantes, quizás la biología del futuro, y nos empoderan y responsabilizan de nuestro destino. Todas las decisiones y los estímulos a los que nos exponemos pueden alterar radicalmente cómo seremos y cómo serán nuestros hijos, y nos pueden incluso liberar de la aparente tiranía de nuestros padres, de nuestro pasado y del guión que había escrito para nosotros la biología.

Un Nuevo campo de estudio

El futuro de la epigenética conductual, está empezando a desarrollarse para centrarse en el descubrimiento de todas las “epimutaciones” que afectan a nuestro genoma, y por tanto poder hallar la cura de enfermedades como el cáncer o la leucemia. La epigenética nos puede ayudar a paliar enfermedades que antes eran difíciles de curar, por lo que algunos países como Estados Unidos o la Unión Europa están realizando sustanciales esfuerzos para llevar a cabo programas de investigación para encontrar los fármacos que nos puedan ayudar a curarlas.

El futuro de la epigenética no solo va centrado a la cura de determinadas enfermedades, sino también a conocer cómo influye el medio ambiente sobre nosotros y nuestra vida.

 

Ezequiel Juárez Macías

Psicólogo Clínico de la Salud 

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