VINOS MEDICINALES

 

VINOS MEDICINALES

 

El vino, anatemizado por algunas religiones y culturas, y santificado por otras. Asociado con la transmutación sublime y a la vez con el dolce far niente. Este vino, que tanta inquietud causa a los encargados de los programas gubernamentales de salud, este vino, alguna vez fue parte de la medicina.

 

Los vinos medicinales fueron muy importantes a lo largo de la historia. Algunos  sitúan sus orígenes en la antigua Persia hace 9000 años, aunque el primer testimonio documentado se encontró en Egipto y data del año  3200 A.C. donde por medio de análisis biomoleculares se determinó la presencia de sustancias medicinales activas en una vasija perteneciente a la momia de Horus Escorpion I.

 

Los efectos beneficiosos del vino sobre la salud eran socialmente conocidos y  tuvieron una importancia crucial a lo largo de la historia, ya que siempre han estado ahí para dar fuerza y vigor al ser humano en sus momentos bajos, llegando a ser muy populares los vinos quinados y aquella fórmula francesa elaborada a base de coca que dio origen a la famosa Coca Cola. Aquí cabe aclarar que actualmente le llamamos vino al producto de la fermentación de las uvas, sin embargo, los “vinos medicinales” que se podían hacer de diferentes hierbas, vino y destilados se elaboraban generalmente en pequeños laboratorios que se habilitaban al lado de las bodegas de vino. De ahí que se le llamara vino a cualquier tónico alcoholoso, aunque no llevara propiamente vino de uva en su composición.

 

Casi todos los vinos medicinales compartían las mismas propiedades, eran tónicos que reforzaban a las personas, puesto que producían una estimulación en los consumidores. Eran reconstituyentes y antianémicos. Fortificaban, vigorizaban, curaban, prevenían y además reconfortaban y alegraban, cosas estas dos últimas que la medicina convencional no consigue.

 

Estos elixires vivieron su máximo esplendor a finales del siglo XIX y empezaron a desaparecer a mediados del siglo pasado de la farmacopea mundial. A pesar de esto, la cultura popular ha insistido en los efectos beneficiosos del vino en la salud, claro, con el debido respeto que al alcohol hay que guardar. Sin embargo, es hasta 1989 cuando a partir de un estudio de la OMS se retoma el interés científico sobre los efectos del vino en la salud. Este estudio dio origen a la famosa “paradoja francesa”, que suponía que el descenso de la mortalidad  prematura por causas coronarias en Francia, tenía su fundamento en un consumo de vino sensiblemente mayor al de otros países.

 

A partir de entonces los estudios sobre el vino y su relación con la salud han continuado y cada vez se encuentran más virtudes medicinales en los componentes del vino tinto, que pueden ayudar a prevenir desde resfriados hasta infartos o derrames cerebrales y otros males. Sin embargo, debemos advertir que hay otras corrientes de opinión que consideran al alcohol perjudicial desde la primera copa. En cualquier caso la reducción del 15 al 20% en la muerte prematura, con que nos da cuenta el estudio estadístico de la “paradoja francesa” no está nada mal. Sobre todo, si no hay ningún fármaco capaz de hacer lo mismo, y que si lo hubiera, seguramente no nos brindaría el placer que nos da una copa de vino.  Salud y larga vida.

Arq. Joaquín Fernández Rizo

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