VINOS DETERIORADOS

VINOS DETERIORADOS

              Joaquín…prueba este vino…-¿Sucede algo con el vino?-…Pruébalo..-recibí en tajante contestación- Con un movimiento de muñeca  giro el vino alrededor de la copa,  liberando sus aromas. Una aspiración corta, una segunda aspiración profunda. Aromas frutales, aromas limpios de vino, aromas de madera fina. Reviso el corcho, no encuentro delito alguno en el escenario del crimen, ningún rastro. Seis ojos mirando fijamente esta operación y dos esperando una respuesta, pero no hay respuesta, hay cuatro preguntas.  Inicio la pesquisa, con las interrogaciones  de rutina ¿Lo encontraron oxidado? ¿Está picado? ¿Está azufrado o reducido? ¿Acaso acorchado?  Pruébalo…casi me ordenan. Doy un gran sorbo, lo paseo por la boca, busco el deterioro… no existe. En cambio descubro la juventud de un vino voluptuoso de indómitos taninos. Pongo cara de quien no sabe qué pasa. No nos gustó, está malo, lo devolveremos, fue la respuesta de mis inquisidores amigos.

               El gusto es muy personal y por lo tanto subjetivo.  Puedo decir que un vino es bueno porque me gusta, pero no puedo, o más bien no debo, decir que  un vino es malo porque no me gusta, o porque no reúne las expectativas que de él se tenían. El vino podría decepcionarnos pero eso no sería un motivo  para devolverlo.

               El único motivo para devolver un vino es que éste saliera defectuoso, o mejor dicho, deteriorado; y los deterioros de un vino se detectan fácilmente con la vista o el olfato. Es por eso, que se realiza el examen del corcho, para comprobar  su  flexibilidad  y su olor, el cual deberá oler a vino y no a moho o vinagre, esto y/o una inhalación a la copa, podrá evitarnos la desagradable experiencia de probar un vino echado a perder.

              Aunque os diré mi paciente lector, que gracias a la tecnología de la modernidad, cada vez es más raro encontrar vinos defectuosos. Sin embargo, un mal manejo de las botellas, puede tener como consecuencia el deterioro del vino, que podrá manifestarse como:

               Vinos oxidados; que son llamados así porque el contacto excesivo con el oxigeno ha perjudicado su calidad gustativa, y en los blancos se manifiesta porque están apagados, con una capa más oscura que la normal para su edad y su tipo, y con un color pajizo sin reflejos ambarinos. De olor plano y sin atributos; sabor acidulado. Se dice también “maderizado”. Cuando son tintos tienen también un aspecto poco brillante, en exceso amarronado para su edad y su tipo. Nariz débil, desbravada, con un olor y un sabor agridulce que evoca al caramelo.

               Vinos picados o agrios; que poseen olor a vinagre debido a un exceso de ácido ascético, característico del vinagre, con un sabor  débil y agrio.

               Vinos azufrados y reducidos; El anhídrido sulfuroso les da un olor acre, picante y sofocante, semejante al de un cerillo cuando se enciende; producen una sensación de sequedad y de picor. El ácido sulfhídrico les da un olor a huevo podrido, a caucho, a ajo y a vegetales en descomposición, con los sabores correspondientes. Se dice también que el vino está “reducido”.

               Vinos acorchados; que poseen un olor a moho, a corcho podrido, que domina completamente el bouquet y el sabor de estos vinos, los cuales se vuelven imbebibles.

               Estos serían los principales motivos que justificarían el rechazo de una botella de vino. De ahí la gran importancia de ese examen preliminar de corcho y nariz, por medio del cual comprobaremos únicamente el estado de conservación del vino que hemos pedido. Y de ninguna manera, que el vino sea o no de la calidad o características esperadas.

!Salud ..con buenos vinos!

Arq. Joaquín Fernández Rizo
Gran Maestre de la Cofradía del Noble Vino de Tijuana

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