LA CONDUCTA AGRESIVA Y SU ORIGEN BIOLÓGICO

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LA CONDUCTA AGRESIVA Y SU ORIGEN BIOLÓGICO

A pesar de la enorme literatura sobre el tema y el esfuerzo continuo demostrado por muchos estudiosos dedicados al estudio científico de la agresión, todavía hay considerables desacuerdos sobre su significado exacto y las causas.

 

Tradicionalmente se enfatizó como constituyente de ésta la intención de dañar a otro ser viviente y no sólo el hecho de hacer daño. Sin embargo, la intención parece evidente en algunos tipos de agresión, pero para algunos autores de enfoque conductista no lo es, los cuales pueden definir agresión como  el hecho de hacer un daño observable en cualquier objeto, sin mencionar la intención.

 

Como hemos visto, es difícil establecer un consenso entre definiciones y autores, sin embargo, hay algunos puntos que podemos decir que son más o menos aceptables para la comunidad científica. Estos puntos son:

 

  • Se trata de un comportamiento, es decir, de información objetiva que puede ser observada. Sin embargo, aquí se deberían restringir los comportamientos no observables, como las cogniciones, debido a su dificultad para ser medidas y por ser subjetivas.

 

  • Además, este comportamiento es dirigido, con intención.

 

  • Efectuado por un organismo.

 

  • Va dirigido hacia un blanco, que puede ser un individuo de la misma especie, de diferentes especies, a un objeto inanimado o a sí mismo.

 

  • En dicho blanco ha de provocar un daño, un efecto negativo. Este punto excluye aquellas acciones que no tienen un efecto final negativo aunque provoquen algún efecto negativo, como puede ser el trabajo de un cirujano o dentista.

 

Por otro lado, muchos autores han hecho diferentes clasificaciones de tipos de agresión, debido a que ésta se comete bajo varias condiciones y diversas formas. En 1968 el científico Moyer (1968), propuso ocho clases de agresión diferenciándolas por sus bases fisiológicas y los estímulos que las producen. Su trabajo se basó en el estudio de animales no humanos, sin embargo, ayuda a entender las bases de la agresión humana:

 

 

  • Agresión predatoria: se define como el comportamiento de ataque dirigido por un animal en contra de una presa adecuada. A veces este comportamiento queda denominado como “agresión entre especies”, siendo el estímulo que la elicita una presa, preferiblemente en movimiento.

 

  • Agresión entre machos o competitiva: este tipo de agresión se comete entre individuos de la misma especie cuando se ha establecido una jerarquía de dominación entre los machos de un grupo. Las causas suelen ser la presencia de un macho extraño, competencia por dominancia, comida o hembras.

 

  • Agresión inducida por miedo: se produce cuando un organismo está atrapado por otro amenazante y no puede escapar de él. Siempre va precedida de intentos de escapar y de activación simpática autonómica, es decir una respuesta que emana del cerebro.

 

  • Agresión por irritación: esta agresión se clasifica algunas veces como “enojo”, “ira”, o agresión “afectiva”, y es provocada por un amplio rango de objetos vivos e inanimados. La preceden varios enervantes como frustración, dolor, falta de sueño, fatiga y privación de alimentos, pero nunca hay intentos previos de escapar.

 

  • Agresión maternal: se refiere a la agresión que comete una madre ante un estímulo de que se acerca o amenaza a su cría. Comienza en el embarazo y se mantiene durante el periodo de lactancia, siendo, en este caso, muy importante el factor hormonal.

 

  • Agresión sexual: se produce por los mismos estímulos que producen las respuestas sexuales, y, además, es más habitual en machos, pero a veces ocurre en hembras.

 

Neuroanatomía de la agresión:

 

Existe un sistema neuroanatómico que controla la expresión de la agresión animal, formado por distintas estructuras neurales y sus interconexiones.

 

Entre las estructuras que controlan la conducta agresiva destacan la amígdala, la corteza prefrontal, el hipocampo, el giro cingulado anterior, el septum.

 

Amígdala: se trata de una estructura situada en la profundidad del lóbulo temporal, bajo la corteza olfatoria. Está formada por varios núcleos que estimulan la agresión predatoria e inhibe la defensiva, mientras que la amígdala medial,  facilita el ataque defensivo e inhibe a la predación.

 

Corteza prefrontal: esta estructura es crítica para el control de la agresividad y conductas disóciales, esto fue muy estudiado y corroborado con las investigaciones de sujetos que habían sufrido una lesión en esta área, los cuales exhibían unas conductas agresivas totalmente desinhibidas. Un ejemplo clásico es el caso de Phineas Gage, un trabajador de ferrocarril al cual se le clavó una varilla en el cráneo que le atravesó esta estructura cerebral. A partir de esta lesión, el sujeto manifestaba conductas agresivas, se enfadaba con mucha facilidad, era muy irritable y tenía un pobre juicio social. Así, se ha demostrado que la corteza prefrontal controla la conducta agresiva. Por lo que, en conclusión, un funcionamiento bajo de la corteza prefrontal puede traducirse en una pérdida de inhibición, esto aumentaría la impulsividad, la pérdida de autocontrol, la madurez y habría una falta de tacto, además de que habría una disminución en la capacidad de razonamiento y de resolver problemas. De hecho, se ha demostrado que pacientes con un trastorno explosivo intermitente, los cuales se caracterizan por episodios de agresión y violencia, tenían una actividad disminuida de la corteza prefrontal.

 

Giro del cíngulo: se trata de una estructura límbica que también ejerce un papel inhibitorio, ya que la lesión del cíngulo incrementa la agresión irritativa en gatos y perros. Por otro lado, hay estudios iniciales que investigaron pacientes con una historia violenta, los cuales demostraron tener un decremento en el funcionamiento de esta estructura cerebral.

 

El mesencéfalo: los estudios de lesión o de estimulación cerebral, eléctrica o química, en gatos o roedores, han puesto de manifiesto que esta área regula la conducta ofensiva.

 

Como se puede observar, el concepto de agresión ha sido ampliamente estudiado a lo largo de los años y a través de la manipulación de muy diversas variables. Las variables más utilizadas para el estudio de la agresión han sido las ambientales y las biológicas y, gracias a ello, se puede concluir que las estructuras que controlan la agresión son la amígdala, la corteza prefrontal, el giro del cíngulo, el septum, el mesencéfalo y el hipocampo.

 

Así, aunque la agresión y sus formas hayan sido ampliamente estudiadas, queda mucho en donde profundizar ya que algunos modelos, más de moda, han sido ampliamente estudiados (como el modelo intruso-residente), mientras que otros no tanto (como el de agresión maternal). A su vez, los animales más usados han sido ratas y ratones y sus resultados extrapolados a lo que puede suceder en el cerebro humano y, obviamente por cuestiones éticas no se pueden estudiar a los humanos con estos mismos modelos, pero en este terreno, manipulando otra serie de variables, queda mucho por hacer.

 

Dr. César Medrano Pérez

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