PERDERLE EL RESPETO AL VINO

PERDERLE EL RESPETO AL VINO

Es cierto, alrededor del vino hay muchas formas y formulismos para su consumo; que si la temperatura, que si el orden del servicio, el tipo de copas, el maridaje y muchos etcéteras más, algunos muy fundamentados y otros más del orden de rancias y obsoletas costumbres que podemos poner en tela de juicio. Para respetar o faltarle al respeto a estas normas y costumbres debemos primero que nada conocer el vino, saber cómo funciona.

Su proceso de producción, su evolución, su maduración, el tipo de vino, y las expectativas de su tipicidad y de su productor, porque de no ser así, caeremos en el estereotipo de aquellos sujetos que intentan romper reglas que no conocen, de los que se disfrazan de lo que no son, de los villamelones. Justo como los villamelones de las graderías en los toros, esos que se disfrazan con puro y bota y que se ponen todo el kit andaluz, que incluye seseo y términos castizos entre que gritan olés sin ton ni son. En el ámbito del vino pasa lo mismo, sólo que en el vino hay villamelones de los dos lados; por el lado del servicio con disfraz de sommelier con tastevin y todo el kit, y por el lado de los comensales que se disfrazan de connaisseur  y que ya en conjunto conforman un gracioso cuadro de insuflada ignorancia. Lo he visto, no me lo han contado. Por eso insisto, si vamos a romper las reglas, primero vamos conociéndolas y a partir de eso vamos a perderle ese falso respeto al vino, poniendo al vino en su lugar.

El vino es como las personas, algunas nos merecen más respeto que otras. Por eso vemos que hay vinos que se sirven en copas muy especializadas y otros en vasos simples. Unos se decantan, otros simplemente se trasvasan y otros como van. Si yo me quiero tomar un gran vino en vaso, se vale, pero debo saber que tendré una merma gustativa al no servirlo en la copa adecuada, de igual manera si tomo un vino económico y sencillo trasvasado y en una copa especializada no me puedo engañar que ese vino mejorará sólo por el tratamiento que le estoy dando. En el ámbito del maridaje con alimentos sí que hemos andado un largo camino. Las viejas normas todavía funcionan si no te quieres equivocar, pero si el vino es un universo, la gastronomía es otro que tampoco ha dejado de evolucionar. Hace veinticinco años maridé chocolate con vino tinto, lo cual era una aberración para los puristas. Hoy en día hay hasta un chocolate para cada varietal. Lo mismo con la comida mexicana, los moles por ejemplo, era algo imposible de imaginar que pudiera acomodarse a otra bebida que no fuera una cerveza. Hoy los disfrutamos con vinos tintos de ligero dulzor y con refrescantes espumosos. Qué tal el orden del servicio, primero los blancos y luego los tintos, y luego tintos con cuerpo. Esquema que tiene mucha lógica, sin embargo, el conocimiento de las variedades de vino y sus tipos hoy nos permiten pasar de unos a otros y regresar con singular alegría.

Hoy el vino nos permite muchas licencias, siempre y cuando lo conozcamos. Aprovechemos esa libertad para empezar a despojar al vino de ese falso valor burgués, hay vino para todo y para todos. Los invito a conocerlo. El vino es como un amigo, mientras más lo conoces más le vas perdiendo el trato ceremonioso y te aventuras a disfrutar y a divertirte con él, le vas ganando afecto y, por qué no, también le vas perdiendo un poco el respeto. ¡Salud!

Arq. Joaquín Fernández Rizo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *