LA VIOLENCIA DE GÉNERO INICIA CON ACTOS PEQUEÑOS

LA VIOLENCIA DE GÉNERO INICIA CON ACTOS PEQUEÑOS

Erradicar la violencia hacia el género femenino requiere, entre otros aspectos, cambiar la forma en que la mujer se ve a sí misma, para que se vea en equidad con el hombre y vayamos creando generaciones diferentes.

Así lo considera la Psicóloga María de los Reyes Cossío Araiza, quien advierte “todas las mujeres somos vulnerables a vivir violencia” y esto tiene que ver con muchos factores, entre ellos, la cultura, “la forma en que se nos enseña a cómo ser, cómo sentir, cómo pensar”.

En entrevista con Innova en Salud, la Psicóloga especialista en atención a mujeres víctimas de agresión, expresa que la violencia es un círculo que pasa por tres etapas: acumulación de tensión, explosión de la violencia y reconciliación.

Cossío Araiza observa que es muy difícil identificar dichas etapas “y cuando te das cuenta, es porque la violencia ya aumentó”.

La violencia contra la mujer, agrega, es cualquier omisión o acto, ya sea sexual, económico, físico, emocional o patrimonial, “cualquier acto violento, basado en el género,  que acuse cualquiera de este tipo de problemas y que tenga consecuencias en la mujer”.

Con amplia experiencia en este campo, María de los Reyes Cossío está convencida de que todos los actos violentos que se ejercen contra la mujer, son para tener poder y control sobre ella, es decir, que haga, que diga, que piense y que sienta “como yo quiera”, refiriéndose al agresor.

Precisa que el tipo de violencia más común es la psicológica, la cual “es tan sutil, que a veces no te das cuenta de ella, o vivimos en un mundo ya tan violento que lo vemos como común, como que está bien el criticar, insultar, a veces como  juego, como si estuviera bien decirte por tu apodo, decirte cosas, como los dobles mensajes, que te dicen algo y luego… no es cierto estaba jugando, es  broma, aguantas tan poquito”.

A ésta, indica, le sigue la violencia física que es la que más se conoce, pero se conoce cuando es de moderada a severa, porque es la que deja marca y es cuando ellas dicen “ya tengo violencia, porque tengo la marca”. Cossío Araiza advierte que a la violencia que no deja marca, pero que causa dolor, no la consideran violencia como tal, “como jaloneos, que te oprima, que vas a decir algo y te pellizque; esas cosas no te dejan marca, sin embargo, te dejan dolor y tienen la intención de controlar”.

Con énfasis, la Psicóloga señala que los seres humanos nos hacemos tolerantes al dolor y eso que antes nos molestaba, llega un momento en que ya no nos molesta. Entonces, el agresor hace algo más fuerte para seguir teniendo el dominio y control, y cuando la mujer se da cuenta es porque sucede algo ya de mayor magnitud y entonces reconoce que está viviendo violencia.

Otro tipo de agresión que comúnmente afecta a las mujeres es la sexual y esto es así, expresa, porque culturalmente a las mujeres se les enseña que “como soy mujer tengo que cumplir o tengo la obligación de tener relaciones sexuales, hacer lo que él me diga, porque es mi esposo”. Sin embargo, advierte a las mujeres que también hay violación dentro del matrimonio porque “si yo digo que no y aun así, con o sin violencia física, hay penetración, estamos hablando de violencia, que está penada por la ley”, y reitera: “tú eres dueña de tu cuerpo, tú decides qué, cómo, con quién, de qué manera hacerlo”.

El maltrato económico –agrega- es otro tipo de violencia hacia la mujer y tiene que ver en cómo se maneja la economía familiar. Por ejemplo, “puede ser que no le dé dinero, o cuando le da la esté controlando sobre qué hace con él, si ya se lo gastó; que la esté reprimiendo, o que la juzgue, la critique, le diga que no sabe y que lo malgasta”.

Etapas de la violencia

De acuerdo con la psicóloga colaboradora además del Centro de Atención a la Violencia Intrafamiliar de Mexicali (CAVIM), la primera etapa en la violencia es la acumulación de tensión, en la que “hay actos chiquititos” y la persona que va a agredir se empieza a enojar, a molestarse y hace expresiones, como fruncir el ceño, que te indican que ya se va a empezar a enojar. En esta etapa hay violencia muy sutil y se acumula tanto la tensión que llega la segunda fase, denominada explosión de la violencia.

En esta etapa, añade, ya hay un acto fuerte, hay pleito, un golpe, un acto violento de mayor magnitud. Quien ejerce la violencia estalla y deja salir toda esa tensión que ha ido acumulando, “como una olla de presión, explota y se libera de toda esa sensación que tenía y quien la recibe se siente lastimada, herida, confundida con todo lo que pasó”.

De ahí, la violencia pasa a la tercera etapa, llamada reconciliaciónluna de miel, o  corazones y flores

Esta, precisa, es una etapa en la que, quien lastimó se da cuenta de los actos que hizo, incluso puede ser que le dé miedo y diga ´ahora sí se va a ir y me voy a quedar solo´, y empieza con sus inseguridades. Aquí, agrega, es probable que el agresor “pida perdón, haga promesas de cambio, diga que no lo va a volver a hacer y que las cosas van a estar bien. Hay demostraciones reales de amor y de cariño o hay quien definitivamente hace como si nada hubiera pasado y se porta bien. Entonces, quien recibió la violencia, la víctima que apenas viene levantándose del golpe, empieza a generar la esperanza de que realmente las cosas sí van a cambiar y como quiere un equilibrio y desea que las cosas vuelvan a estar como antes, se vuelve a calmar y las cosas se mantienen en equilibrio… y el ciclo empieza de nuevo”.

Resistencia de la mujer a reconocer y denunciar la violencia

A pesar de que actualmente se habla un poco más sobre el tema y la legislación al respecto, María de los Reyes Cossío considera que aún hay mucha resistencia de la mujer a reconocer que vive una situación de violencia,

La resistencia, subraya, sigue siendo mucha, “primero para vencer la vergüenza de que esto le esté pasando, porque aun siendo ella la lastimada, siente pena y vergüenza porque se le ha enseñado que ella es la responsable del matrimonio, de la relación de la pareja y entonces se pregunta ¿cómo es posible que pase algo así?”.

Sin embargo, la resistencia tiene mucho que ver con el ambiente al que se enfrenta la mujer, con instituciones, con creencias religiosas. Tiene que ver con “con las oportunidades que hay afuera, porque aun hoy en día muchas instituciones entorpecen a quienes van y ponen una denuncia”, comenta Cossío Araiza, quien lamenta que en lugar de facilitarles el trámite para que expongan su caso, les dan una conciliación, las carean con su esposo y median para que se arreglen, cuando de lo que se trata es de denunciar lo que él le hace a ella.

Sobre las consecuencias de la violencia hacia las mujeres, advierte que son muchas, entre otras, síndrome de la mujer maltratada; síndrome de indefensión aprendida (por más cosas que hago, las cosas no se resuelven, haga lo que haga las cosas siempre salen mal); depresión, ansiedad, intentos de quitarse la vida, estrés postraumático, baja autoestima, inadaptación.

La sintomatología no es halagadora: desesperanza, cansancio, ansiedad, etc., agravadas por otras actitudes del agresor, como el aislar a la afectada de sus amigos y familia, con el afán de tener el control. Y ante este panorama, agrega la psicóloga, “hay mucha resistencia al cambio, mucha inseguridad de la mujer, porque empieza a tener una visión de túnel, una visión de su entorno a partir de lo que él le dice”.

“Todas las mujeres somos vulnerables a vivir violencia”.

Al hacer hincapié en que todas las mujeres estamos expuestas a ser agredidas, Cossío Araiza señala que existe el mito de que las mujeres que viven en pobreza extrema, o que tienen poca educación, están más expuestas a sufrir violencia. No obstante, aclara que como profesional de la salud mental ha tratado a mujeres profesionistas con maestría, que están viviendo una situación de violencia, así como a gente analfabeta que también ha vivido en un entorno violento. “Todas estamos expuestas”, reitera.

Acerca de los signos de violencia, señala que el más significativo es cuando la mujer siente que algo le duele o le lastima, cualquier cosa que pase a su alrededor y que provoque que empiece a sentirse insegura. Por ello, pone en alerta a todas las mujeres: “si empiezas a tener miedo hacia cualquier cosa, a que se enoje más, a que se moleste si tú haces algo, o miedo a perderlo, checa porque algo está pasando con tu relación”.

Ante la pregunta de qué hacer en caso de violencia, María de los Reyes Cossío apunta que la mujer puede hacer varias cosas: “primero, platicar con su pareja acerca de la situación que está viviendo; pero, si no ve ninguna respuesta y, al contrario, ve más agresión, buscar ayuda es la mejor opción”.

Si la persona afectada cree que esa situación la puede resolver ella misma, ya que tiene todas las capacidades y las herramientas, puede buscar el apoyo de su familia y de sus amigos, platicar y hablar de las cosas que le están sucediendo para encontrar una solución, sugiere la especialista.

Si definitivamente con sus propias herramientas no puede, entonces es necesario buscar apoyo profesional, acudir a centros de ayuda con programas de atención para la mujer en situación de violencia, que le ayudarán a sanar toda la sintomatología que trae, encontrar una solución a lo que está viviendo y poder salir de ese círculo vicioso en el que se encuentra.

No somos iguales, pero debemos vivir en equidad

Para concluir la entrevista, María de los Reyes Cossío reflexiona sobre la situación de la mujer que experimenta la incertidumbre de qué va a hacer sola, y a ella y a todas las mujeres envía un mensaje: “Como psicóloga les digo que es difícil, pero no imposible; yo creo que todos podemos hacer algo para lograr el cambio del rol que tiene la mujer y cambiar la forma en que ella se ve a sí misma, para que se vea en equidad con el hombre. Porque no somos iguales, tenemos diferencias marcadas, pero sí podemos y debemos vivir en equidad, en armonía, para que vayamos haciendo generaciones diferentes, para que vivamos en salud y no en enfermedad, que es a donde nos ha llevado la violencia”.

Susana Castro Luque

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