LA GESTION DE TRASPLANTES

LA GESTION DE TRASPLANTES

El concepto de reemplazar un órgano enfermo con uno sano trasplantado tuvo sus orígenes en escritos mitológicos, y ha estado presente desde tiempos antiguos y en las representaciones de arte medieval; en el siglo XXI el trasplante realmente se ha convertido en una rutina médica. El trasplante de órganos restaura la salud de los pacientes y consigue reincorporarlos a su actividad diaria. La amplia aplicabilidad de este procedimiento es evidente en casi 100 países del mundo que tienen programas de trasplante. El trasplante no es ya esotérico, ni siquiera para los países en vías de desarrollo de África y Asia central, donde la epidemia de la insuficiencia renal crónica ha adquirido gran importancia entre las enfermedades crónicas. Los países de América del Sur han sido testigos de una explosión en el número de pacientes que requieren diálisis y trasplante. Por ejemplo, en un país de América del Sur el número de pacientes con insuficiencia renal crónica se ha incrementado de 20 pacientes por millón de población (pmp) a más de 300 en el breve lapso de 20 años.

El beneficio social y económico del trasplante es evidente para todos, pero los países siguen estando limitados en el alcance potencial terapéutico del trasplante de órganos, a pesar del esfuerzo por conseguir un número suficiente de donantes de órganos para satisfacer la demanda de pacientes en lista de espera de trasplante.

La escasez de órganos para trasplante constituye el factor limitante fundamental de estas terapéuticas. La demanda crece de manera exponencial a medida que mejoran los resultados de supervivencia y por tanto la posibilidad de que se beneficie un número cada vez mayor de enfermos. Diversos países han adoptado estrategias parciales que tan sólo han conducido a aumentos discretos o pasajeros de la donación, o incluso no han producido cambio alguno.

En 1989 por ejemplo fueron creadas en algunos países de Europa organizaciones con modelos profesionalizados dedicados a la gestión y control de trasplantes, por mencionar uno de ellos, si no es que el mejor de ellos a nivel mundial, el modelo español denominado Organización Nacional de Trasplantes (ONT) creada para hacer frente a la escasez de donantes de órganos y establecer la mejor forma para la obtención de órganos de donante cadáver. La misión de la ONT ha sido clara: aumentar el número de donantes de cadáver de órganos trabajando en conjunto con los pioneros del trasplante. Aunque en los inicios del trasplante se reconoció pronto que «el mejor tejido» podría ser aquel procedente del donante vivo, la aceptación por parte de los médicos del conocido «primum nonnocere» (primero no hacer daño) introdujo, sensatamente, una atención continua al trasplante procedente de donante cadáver. La medicina tiene la responsabilidad de limitar los peligros y los daños ocasionados por la donación de órganos procedentes de donantes vivos. En este sentido, la ONT ha sido líder mundial. Su «modo de hacer», revela una organización brillantemente construida. El trabajo de la ONT, tal como se realiza en España, se ha convertido en un faro que ilumina la práctica y la ética para los países que tienen programas de trasplante. El trabajo en la donación de órganos de cadáver es duro y requiere recursos, pero como la ONT ha hecho evidente, el trasplante de órganos de donante cadáver puede ser logrado con éxito. Por otra parte, la ONT está ampliamente reconocida en su labor para la formación de profesionales de la donación de órganos. Estos coordinadores de trasplantes, que se han distribuido por muchos países, han contribuido a difundir y establecer programas de donación de órganos para cada uno de sus países.

La donación de órganos no es cuestión de mitos sino de ciencia. Cada país debe obtener sus datos para conocer y evaluar el potencial de donación de órganos de donante cadáver. Estos datos no sólo deben ser aplicados de forma coherente dentro de cada país, sino también comparativamente con todos los países para evaluar su desempeño.

Estos datos deben permitir conocer el número de personas que podrían ser adecuadas para la donación de órganos, no sólo para la donación de in vivo sino también para la donación de cadáver. Por otra parte, en un futuro próximo, la donación de órganos no puede limitarse a los fallecidos en muerte encefálica. Existe una necesidad imperiosa de obtener órganos de los pacientes que fallecen por paro cardiorrespiratorio. En este sentido modelos como el de la ONT deben seguir liderando a los profesionales del trasplante en el camino a seguir por cada país, evaluando científicamente como potencial donante a toda persona fallecida, y de ese modo haciendo real la promesa terapéutica de los trasplantes de órganos.

En el mundo, según el registro de la OMS desarrollado por la ONT, se realizan al año entre 90 y 95.000 trasplantes de órganos e incontables de tejidos y células.

Ello da una idea de que ya no se trata de técnicas extraordinarias, sino de algo cada vez más frecuente y que afecta a un sector cada día mayor de la sociedad.

Apunta igualmente a la notable importancia que han alcanzado estas terapéuticas y al papel fundamental de la existencia de un marco legal adecuado, en presencia de un Sistema de Salud Nacional, a menudo denostado pero bastante mejor de lo que habitualmente se dice o se está dispuesto a reconocer, en el espectacular desarrollo de los trasplantes.

Sirvan estas líneas para recordar que todo ello es posible gracias a todos los ciudadanos que donan sus órganos o los de sus familiares, a la vez que sostienen el sistema con sus impuestos. Es mucha la responsabilidad que las administraciones, del estado y de la nación asumen en este tema y no hay ni debe de haber la más remota posibilidad de defraudarles. Son muchos los enfermos cuya vida depende ello.

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