ALIMENTOS AFRODISÍACOS A TRAVÉS DE LA HISTORIA

Tal vez, si el presente artículo llevara como título, alimentos para mejorar el rendimiento físico o mental, no tendría tanto interés como el que espero llegue a sustentar el presente, y esto basado en que la sexualidad juega un papel importante en nuestras vidas como motivador; podemos encontrar en diversas teorías expuestas, así como pasajes y versos de la antigüedad los cuales hacen alusión a la sexualidad como un importante motivador e incluso un liberador de tensión.

La historia de la humanidad ha dejado constancia de que en todas las culturas se han preparado ungüentos, pócimas de amor y prácticas rituales para atraer al sexo opuesto, potenciar sexualidad y fertilidad. Estas cualidades se atribuyeron por muchos años a plantas y alimentos cuya forma se parecía mucho en su estado natural a los órganos sexuales masculinos o femeninos o, incluso, semejaban en su aroma.

Desde el principio ha existido una estrecha relación entre alimentos y erotismo. El hombre y la mujer se relacionan sexualmente para procrear y tener descendencia y, por tanto, para conservar su especie, y durante toda su vida necesitan alimentarse para no morir. Sexualidad y alimentación son, pues, actos  esenciales de nuestra vida: la subsistencia y el mantenimiento de la especie dependen de ellas.

Se han escrito diversos artículos y escritos que hacen referencia a los alimentos afrodisíacos, su valor culinario y sus efectos sobre la líbido de las personas. Podría decirse que todo cuanto se come ha sido valorado desde un punto de vista erótico. Todos los pueblos y todas las culturas incluían en su dieta un buen número de alimentos considerados como eficaces inductores del amor y del deseo carnal. Nuestra cocina actual se presenta plagada de ofertas de menús y recetas que al menor descuido se le pone la etiqueta de afrodisíaco o erótico. Parece ser que todo habría comenzado cuatro mil años atrás, cuando los hombres inventaban historias. Mitos como el de Pandora, Helena o Medea dejan bien patente cómo la mujer había sido la causa de todos los males, mientras que las referencias a Antígona o Penélope la convertían en el paradigma del amor filial y de la fidelidad conyugal. Pero al referimos a Afrodita, la situación cambia, encontramos que el trabajo no ha estado totalmente hecho, que todavía el hombre de hoy siente resquebrajarse algo de su poder y seguridad en sí mismo, cuando se la menciona como diosa de la belleza y de la atracción sexual.

En escritos se hacen referencias de que en la Edad Media el humo de los huesos de aceituna era utilizado por brujas y magos para fabricar filtros de amor, con resultados infalibles, si lo que se pretendía era despertar el deseo y la pasión en el ser amado. El vínculo entre la comida y el goce sexual queda marcado en nuestro subconsciente desde el mismo momento en que nacemos. El Apetito y el sexo, los grandes motores de la vida, la sensación del bebé amamantado por el pecho de su madre, inmerso en el calor y el olor de su seno, es puro erotismo, y deja una huella imborrable para el resto de su vida.

Resulta por tanto comprensible que, desde los principios de nuestra civilización, nos encontremos con datos que indican la aceptación por casi la totalidad de las culturas conocidas de una relación causa-efecto entre determinados alimentos o productos más o menos comestibles y el aumento del deseo y el placer sexual.

A estos alimentos, de procedencia insospechada, y de naturaleza tanto animal, como vegetal, a veces mineral, y en algunos casos de la misma naturaleza humana, se les conoce como productos afrodisíacos. La Real Academia Española de la Lengua define afrodisíaco como aquello «que excita o estimula el apetito sexual», siendo su origen semántico el nombre de la diosa Afrodita, diosa griega del amor y de la sexualidad, rebautizada por los romanos con el nombre de Venus.

La primera referencia a los afrodisíacos la encontramos en papiros egipcios del 2000 al 1700 a. C. Igualmente se hace referencia a ellos en la Biblia, así como en textos de la antigua Grecia y en libros hindúes y árabes. Los romanos nos dejan muchas referencias de sus hábitos domésticos y su forma de comer, así como de las prácticas cada vez más refinadas de sus fiestas y banquetes. A todos nos vienen a la mente escenas de cómo debían ser aquellas grandes orgías de la clase patricia romana, en las que se degustaban platos tan singulares como lenguas de flamenco, alondras, lirones cebados, jabalíes rellenos de tordos, etcétera, y en las que nunca faltaban uvas y manzanas, signos del mayor placer erótico.

Culturas como la egipcia, las orientales o la musulmana, nos han dejado un buen número de referencias a productos y recetas que, quizá con un refinamiento y originalidad superior a nuestra cultura cristiana, se han considerado como afrodisíacos. El ginseng, la pimienta, el cuerno de rinoceronte, junto con el opio, la marihuana y la coca, son importantes ejemplos de ello.

Nuestra Edad Media apenas nos deja noticias de la existencia de una cocina relacionada con el sexo, hecho que por otra parte no nos debe extrañar si tenemos en cuenta la praxis que en aquella época imponía la Iglesia católica sobre estas cuestiones:

Estaban prohibidas todo tipo de prácticas sexuales en las vigilias de fiestas de guardar, los jueves en memoria de la Última Cena, los viernes en recuerdo de la crucifixión de Cristo, los sábados en honor a la Virgen, y los domingos en conmemoración de la resurrección del Señor. Los tres días restantes de la semana eran aptos, siempre que no cayesen en Cuaresma. Igualmente quedaban excluidos los días en los que la mujer estuviese bajos los efectos de la menstruación, el embarazo o la menopausia. Y por si esto fuera poco, algunos escritores mencionan que  el emperador Carlomagno, cabeza del Sacro Imperio Romano, dictó leyes prohibiendo además toda práctica sexual los lunes en homenaje a los santos difuntos, durante los cincuenta días siguientes a la Pascua y cuarenta antes de la Navidad. Fácilmente se entiende que, con estas largas y obligadas abstinencias, nadie en aquellos tiempos precisase de estímulos ni alimento afrodisíaco alguno para enardecer su pasión amorosa.

Es en el Renacimiento cuando aparece, en las cortes de Italia, Francia y España, el buen gusto de una cocina refinada y cada vez más especializada. Dentro de ese nuevo contexto de la gastronomía galante y noble nos encontramos con platos, condimentos y alimentos que adquieren fama como afrodisíacos, muy convenientes para despertar el gusto por los deseos de una dama o caballero que busca desesperadamente satisfacer sus pasiones amorosas.

En el siglo XIX, época en la que se inventó el cucurucho de hojaldre o galleta como soporte para el consumo de helados, estaba muy mal visto que las jovencitas se sirvieran de semejante sistema para tomar un helado en público ya que podían provocar deseos libidinosos entre los hombres que las observaban. Los manuales de buena educación determinaban la forma en la que una señorita decente debía consumir su helado si no resistía la tentación de comprarse uno de aquellos graciosos cucuruchos que se vendían en las calles y que causaban gran atracción por su novedad, norma que textualmente venía a decir a una dama, y más si es joven o soltera, jamás deberá consumir helados en conos de bollería o soportes manuales pensados para degustaciones en calles o jardines, debiendo hacerlo en lugares cerrados y una vez depositado su contenido en un plato o recipiente de los llamados hondos, haciendo uso de una cuchara, y degustando el helado de forma que a nadie pueda producir escándalo.

Alimentos Afrodisíacos en la actualidad

Aunque muchas personas se muestren escépticos al respecto, no podemos negar que existe un gran número de alimentos que forman parte de la dieta del mexicano y que se describen como estimulantes de la vida sexual, a continuación mencionaré algunos de ellos:

 
Aguacate. Su contenido nutricional es elevado, rico en vitaminas A y E, así como en aceites naturales, proteínas, hidratos de carbono y minerales que resultan esenciales para la generación de hormonas sexuales.

Apio. Verdura cuyos tallos son comestibles y se caracterizan por contener mucha agua y celulosa (fibra), pero además una sustancia que estimula la producción de hormonas masculinas, la comarina.

Chocolate. El cacao (compuesto esencial de este producto) ha comprobado científicamente que posee considerable cantidad de feniletinamina, agente químico que activa los receptores en las células nerviosas del cerebro que producen sensación de bienestar. Se cuenta que los aztecas le conferían propiedades afrodisíacas al beberlo caliente y mezclado con chile.

Fresas. Debido a que favorecen el mejor flujo sanguíneo, se le atribuyen cualidades para alimentar la capacidad y el deseo sexual.

Mariscos. Los “frutos del mar” son importantes coadyuvantes en la salud sexual, principalmente por su aporte de minerales de alto rango, como fósforo, que ayuda a asimilar proteínas, grasas e hidratos de carbono, y al adecuado funcionamiento del sistema nervioso; yodo, indispensable para el óptimo funcionamiento de la tiroides, glándula que se encarga de crear hormonas que intervienen prácticamente en todas las funciones del organismo; zinc, cuya falta se relaciona regularmente con problemas de disfunción eréctil y de próstata.

Miel. Se considera un poderoso nutriente natural que proporciona energía y vitalidad en general, pero además contiene boro en abundancia, mineral que ayuda a aumentar los niveles de testosterona, hormona directamente relacionada con el deseo.

Pistache. Es considerado en Oriente uno de los afrodisíacos más potentes que se pueden encontrar en la naturaleza, y al que se debe evidente aumento del deseo pasional.

Ahora bien, como podemos imaginar, la lista de alimentos afrodisíacos requeriría de mucho más espacio, por lo cual a continuación haremos mención de algunos más pero agrupados por nutrientes para que no hagan falta en nuestra dieta:

Complejo B. Las vitaminas de este grupo contribuyen al buen funcionamiento del sistema nervioso y calman la ansiedad pero, sobre todo mantienen en niveles regulares la producción de hormonas sexuales; se consume a través de cacahuates, germen y harina integral de trigo, durazno, maíz, pimiento rojo, verduras de hoja verde, melón, mango, leche, queso y huevo, entre otros alimentos.

Minerales. Fósforo, calcio y magnesio incrementan el deseo sexual; se consumen mediante hortalizas de hoja verde, semillas de ajonjolí y perejil, hígado de cerdo, bacalao, atún y sardinas en aceite, pollo, huevo y yogurt. El selenio colabora en la producción hormonal; los alimentos que lo contienen son carne, lácteos, germen y salvado de trigo, cebolla, ajo, tomate verde, brócoli y levadura de cerveza, frutos secos y semillas de girasol.

Vitamina E. Tiene efectos positivos en cuanto a la actividad sexual se refiere, además de que incrementa la producción hormonal. La incluyen aceites vegetales, semillas, frutos secos, cereales, huevos, lechuga y brócoli.

Finalmente, no queremos dejar de mencionar dos productos que aunque raros en la alimentación del mexicano se dice que suelen colaborar notablemente en la vida sexual:

Gingko biloba. La cualidad de esta planta por la que es reconocida a nivel mundial es la de ser estupendo vasodilatador, de manera que se incrementa la entrega de oxígeno a todos los órganos del cuerpo. Para el caso que hoy nos ocupa, resulta de suma importancia al irrigar cerebro, el cual es también un órgano sexual, y áreas genitales.

Ginseng. Hierba que no sólo se reconoce por su peculiaridad vasodilatadora, sino también evita el envejecimiento prematuro de las células de todo el cuerpo (acción antioxidante). Por si fuera poco, colabora al incrementar el apetito sexual.

Espero que de una manera breve, sencilla y a través de pasajes, haya cumplido con el propósito de este artículo, el cual es el conocer cómo los alimentos han sido relacionados con el apetito sexual a través de los tiempos, así como el impacto que aun en la actualidad tienen éstos.

Dr. César Medrano Pérez

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