El insomnio es un trastorno del sueño que puede durar unos días o unas semanas pudiéndose deber a situaciones estresantes o debido a cambios en el entorno o en los horarios. Quienes lo sufren tienen dificultades para conciliar el sueño, para permanecer dormidos durante la noche o bien, aunque se duermen, no descansan, es decir, no disfrutan de un sueño reparador. Todo esto sucede incluso cuando se tiene un entorno favorable para dormir y el tiempo suficiente para hacerlo.   El insomnio se cataloga de crónico cuando sucede tres o más noches a la semana, dura más de tres meses y no se explica totalmente como consecuencia de otro problema de salud.

Algunas de las consecuencias que se derivan del insomnio son la dificultad de concentración, los cambios de humor, la pérdida de la memoria corto plazo, la dificultad para movernos de forma coordinada y hasta la incapacidad de reconocer objetos con el tacto. El estadounidense Randy Gardner dio buena fe de las consecuencias más extremas del insomnio en un experimento que realizó en 1965 y que buscaba comprender lo que le ocurría al cuerpo humano si no dormía. Gardner se mantuvo despierto 264 horas, un total de 11 días en los que tuvo experiencias de todo tipo, hasta sufrió alucinaciones y paranoias. No en vano, Gardner tiene el récord de la persona que más tiempo ha estado sin dormir.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 40 % de la población duerme mal y sufre algún tipo de trastorno del sueño. El más habitual es el insomnio, ya sea crónico o transitorio. Otros trastornos del sueño son las apneas, el sonambulismo y el síndrome de las piernas inquietas.

¿Qué lleva a una persona a dormir mal? Existen varios motivos que nos pueden quitar literalmente el sueño. El primero es la edad y es que conforme nos hacemos mayores, lo natural es dormir menos y peor. El consumo de determinadas sustancias como la cafeína y el alcohol también puede hacer que durmamos mal. Por último, la presencia de ciertos trastornos psiquiátricos como la depresión, el trastorno por estrés postraumático o la ansiedad pueden hacer muy complicada la tarea de dormir.

Si padeces un problema crónico es importante no auto medicarse o implementar soluciones caseras, por lo que te recomendamos acudir a tu médico.

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